EL TELEKINO DE TORRES QUEVEDO

Antonio Pérez Yuste
Universidad Politécnica de Madrid

Dejando a un lado los trabajos sobre inducción electromagnética realizados por personajes como Ampere, Faraday o Henry, puede decirse que las primeras ideas de carácter práctico relacionadas con la acción de una fuerza a distancia, sin emplear ningún tipo de medio material, comenzaron a gestarse a partir de una famosa conferencia impartida por el británico Oliver Lodge, ante la Royal Institution de Londres, el 1 de junio de 1894.

En aquella ocasión, Lodge hizo una revisión pormenorizada de los trabajos de Hertz y organizó unos ensayos en los que demostraba cómo podía detectarse un campo electromagnético, generado artificialmente, mediante el uso un tubo radioconductor inventado por el francés Edouard Branly en 1891.

Este tubo, que Lodge bautizó con el nombre de “cohesor”, aumentaba considerablemente su conductividad al ser atravesado por una corriente de alta frecuencia, lo que permitía cerrar un circuito secundario a través de una batería local para ejecutar, de ese modo, cualquier tipo de acción. Lodge utilizó un galvanómetro de espejo para señalar la recepción de las ondas electromagnéticas, pero pronto se hizo natural pensar en otras posibilidades.

Fue el caso de Guglielmo Marconi –entonces un desconocido italiano, recién llegado a Inglaterra– quien, en compañía del Ingeniero Jefe del Post Office británico, William Preece, organizó una demostración, el 12 de diciembre de 1896, en el Toynbee Hall de Londres, enseñando cómo era posible hacer sonar el timbre de una caja, al actuar sobre el pulsador de otra, sin que ambas estuvieran conectadas entre sí por ningún tipo de cable. De igual manera, pensó Marconi, podía situarse un inscriptor Morse, en lugar del timbre, junto con un manipulador Morse, en lugar del pulsador, para tener, de esa forma, un sistema completo de telegrafía sin hilos.

El sector militar no fue ajeno a estas experiencias, que vio en ellas una forma de aventajar a los enemigos en el campo de batalla. Son conocidos, por ejemplo, los casos del ingeniero eléctrico Axel Orling y del coronel Carl Braunerhjelm, en Suecia (1897), del ingeniero civil Lionel Varicas y su hijo, Cecil John Varicas, en Inglaterra (1898), o de los ingenieros eléctricos Ernest Wilson y Charles John Evans, también en Inglaterra (1898), quienes, de forma totalmente independiente, propusieron distintos sistemas para el guiado por radio de torpedos submarinos. Asimismo, un tal W. J. Clarke, en los Estados Unidos, ideó un procedimiento que permitía explosionar minas a distancia sin el uso de cables. Como curiosidad, mencionar que Clarke mostró su sistema en la Electrical Exhibiton de Nueva York, celebrada en 1898, poco después del inicio de la Guerra de Cuba, utilizando para la ocasión la maqueta de un barco español como objeto de prueba.

Pero sería el americano de origen serbio, Nikola Tesla, quien habría de conseguir el mayor perfeccionamiento en el control remoto de dispositivos mecánicos antes de que terminara el siglo XIX. Aprovechando la Feria de Nueva York citada anteriormente, Tesla presentó una embarcación, realizada a escala, que podía ser puesta en marcha, comandada y parada, actuando sobre la manivela de un transmisor de radiotelegrafía convencional. Asimismo, presentó una patente a la que llamó Method of and Apparatus for Controlling Mechanism of Moving Vessels or Vehicles, que registró el 1 de julio de 1898.

La técnica de Torres Quevedo

Todas estas propuestas –y otras más que se produjeron–, basaban su funcionamiento en una técnica del tipo “on-off”. Es decir, disponían de un mecanismo que detectaba cuándo se recibía una onda electromagnética y cuándo no, actuando de forma distinta según el caso. Por ejemplo, accionando el timón del torpedo en una dirección, cuando se recibía la onda electromagnética, o en dirección contraria, cuando cesaba la misma.

En el caso de Tesla el receptor era, incluso, algo más sofisticado, pues introducía un tercer estado que permitía dejar fijo el timón en una posición. Por lo demás, el arranque del motor venía asociado a la posición del timón, de forma que cuando éste superaba un ángulo de 45º respecto a la dirección de movimiento normal, el motor se detenía, permaneciendo en marcha para ángulos inferiores.

Así las cosas, no fue hasta los trabajos de Leonardo Torres Quevedo, a partir de 1901, cuando quedaron establecidas las bases fundamentales de los modernos sistemas de control remoto. Torres Quevedo supo darse cuenta de que todo sistema de control remoto precisaba dos cosas: un receptor que admitiese múltiples estados de funcionamiento, independientes entre sí, y una manera de poder seleccionarlos a partir de una señal, como la de telegrafía, que sólo podía tomar dos valores posibles: “on” y “off”.

En éstos últimos, una aguja situada en una esfera, a modo de reloj, avanza paso a paso hasta señalar la letra situada en una corona circular que contiene todas las del alfabeto. Por el contrario, en la propuesta de Torres Quevedo, es la palanca de un conmutador mecánico la que avanza sobre una corona circular de contactos, conectando una batería local a la entrada de un servomotor o de cualquier dispositivo con memoria.

Sin embargo, tanto en uno como en otro caso, es un tren de pulsos el que permite determinar, en función de su número, hasta qué letra se desplaza la aguja, en los telégrafos de Wheatstone o Breguet, o hasta qué contacto se desplaza la palanca, en el conmutador de Torres Quevedo. Si el inventor español era consciente de esta semejanza, no es posible saberlo, ya que no aparece referido en ninguno de sus escritos.

Así pues, la técnica empleada por Torres Quevedo consistía, sencillamente, en componer un tren de pulsos telegráficos cuyo número determinaba la acción a realizar. Esto es, un único pulso para la acción 1, dos pulsos para la acción 2, y así sucesivamente, de forma que cada pulso hacía avanzar la palanca del conmutador sobre la corona de contactos, hasta cerrar el circuito sobre el que debía realizarse la acción. En sus prototipos, Torres Quevedo llegó a contemplar hasta 19 acciones diferentes.

Origen y ensayos del Telekino

Según los datos recogidos por José García Santesmases en su libro “Obra e Inventos de Torres Quevedo”, el inventor español comenzó a madurar la idea de un sistema de control remoto hacia 1901.

En aquel momento, Torres Quevedo estaba metido de lleno en el desarrollo de un nuevo tipo de globo aerostático dirigible, de armazón semirrígido, que permitiera salvar las dificultades de transporte de los globos de armadura interior rígida –a cuya clase pertenecían los dirigibles del alemán Von Zeppelin- y los inconvenientes de suspensión y estabilidad de la barquilla de los globos de armadura interior flexible –como era el caso de los dirigibles del brasileño Santos-Dumont.

El desarrollo práctico de cualquier aeronave lleva aparejado, como es natural, la realización de múltiples ensayos donde el piloto está expuesto a tener un accidente con el riesgo, incluso, de perder su propia vida. De modo que, para evitarlo, Torres Quevedo pensó en un sistema de control remoto con el fin de ensayar sus dirigibles sin necesidad de arriesgar vidas humanas.

El invento adquirió pronto carta de naturaleza propia en la mente de Torres Quevedo, recibiendo del inventor el nombre de “Telekino”, término que procede de las palabras de origen griego: “tele” y “kino”, que significan: “a lo lejos”, “a distancia”, la primera, y “fuerza”, “movimiento”, la segunda, dando como resultado el significado de “movimiento a distancia”.

Torres Quevedo presentó su patente en Francia (10 de diciembre de 1902), España (10 de junio de 1903) y Gran Bretaña (10 de diciembre de 1903), pudiendo comenzar, definitivamente, sus ensayos una vez que el Gobierno español dispuso, por Real Orden de 4 de enero de 1904, la creación de un “Centro de Ensayos de Aeronáutica y Laboratorio anejo”, dependiente de la Dirección General de Obras Públicas. El Centro, del que se nombró Director a Torres Quevedo, estaba destinado “al estudio técnico y experimental del problema de la navegación aérea y de la dirección de la maniobra de motores a distancia”, quedando situado, inicialmente, en un espacio no utilizado del antiguo frontón Beti-Jai, en la calle Marqués de Riscal de Madrid.

En aquel lugar se efectuaron los primeros ensayos prácticos del Telekino utilizando, para el propósito, un sencillo triciclo, a los que siguieron, muy pronto, otros de mayor envergadura realizados con una pequeña embarcación en el Lago de la Casa de Campo de Madrid. En una de aquellas demostraciones, Torres Quevedo tuvo la enorme fortuna de que se encontrara el Alcalde de Bilbao entre los curiosos visitantes, quedando tan profundamente maravillado por lo que vio que, de vuelta a su ciudad, promovió una recogida de fondos entre los vecinos pudientes de la villa para organizar una experiencia a mayor escala en el Abra de Bilbao. La Energía Eléctrica, revista especializada de la época, recogió de la siguiente manera el relato de las pruebas realizadas el 7 de noviembre de 1905:


Consistieron éstas en dar al bote eléctrico Vizcaya, en el que se instaló el Telekino, una dirección determinada hasta el centro de la desembocadura de la ría; hacerle virar hacia Algorta; pararse; marchar hacia atrás; obligarle, en una palabra, a obedecer, con regularidad y precisión, las indicaciones de marcha que se le transmitían desde la estación transmisora, instalada en la terraza del Club Marítimo del Abra. El éxito fue completo: el bote Vizcaya, a cuyo bordo iban ocho personas, maniobró con precisión matemática, a distancias que pasaron algo de dos kilómetros de la estación transmisora, donde estaba el Sr. Torres Quevedo.


El éxito de aquellas experiencias animó a Torres Quevedo a solicitar del Gobierno español la ayuda económica necesaria para aplicar su Telekino al guiado de torpedos submarinos. Desgraciadamente, el Ministerio de la Marina desestimó la ayuda solicitada con el argumento, poco afortunado, de que carecían de sentido las pruebas que pretendía efectuar el inventor español por cuanto, se decía, “encontraban realizándose ya experiencias análogas en Francia”.

Aquella contrariedad debió desanimar profundamente a Torres Quevedo pues, exceptuando la repetición de los ensayos en el Abra de Bilbao, en presencia del Rey Alfonso XIII, el 25 de septiembre de 1906, no se ha encontrado constancia documental alguna de que fuera usado el Telekino en más ocasiones; ni siquiera para el guiado de globos aerostáticos que, como ya se ha dicho, fue la aplicación para la que fue concebido originalmente.

Se puso, de esta forma, un triste punto y final a uno de los inventos que, con el correr de los años, más ha marcado el progreso de nuestra sociedad y más ha determinado la forma de relacionarnos con la tecnología. De su trascendencia dan prueba, entre otros, los múltiples y variados mandos a distancia que se manejan de forma casi inconsciente al cabo del día, o los sofisticados sistemas de control remoto que están permitiendo llevar a cabo arriesgadas misiones de exploración científica planetaria.

MÁS INFORMACIÓN

Reconocimiento internacional para el Telekino, un invento de Leonardo Torres Quevedo para controlar barcos y dirigibles (Reportaje en El País 17-03-07)

Más información sobre Leonardo Torres Quevedo en Wikipedia.

El término “Telekino” procede de las palabras de origen griego: “tele” y “kino”, que significan: “a distancia”, la primera, y “movimiento”, la segunda, dando como resultado el significado de “movimiento a distancia”.

Torres Quevedo creó el Telekino con el fin de ensayar los globos dirigibles, de su propia creación, sin necesidad de utilizar un piloto y evitar, de ese modo, arriesgar su vida en algún infortunado accidente.

Torres Quevedo encontró la solución al Telekino en un original mecanismo que recuerda bastante al telégrafo de cuadrante inventado por Wheatstone, en 1839, y mejorado por Breguet, a partir de 1845.

El Ministerio de la Marina desestimó la ayuda solicitada por Torres Quevedo para el control remoto de torpedos submarinos, con el argumento de que “encontraban realizándose ya experiencias análogas en Francia”.

 

Figura 1. Última fotografía oficial de Leonardo Torres Quevedo. Fuente: “Obra e Inventos de Torres Quevedo”, José García Santesmases, Ed. Instituto de España.

Figura 2. Detalle del conmutador mecánico del Telekino. Fuente: Museo Torres Quevedo, ETSI Caminos, Canales y Puertos, Universidad Politécnica de Madrid. Fotografía: Antonio Pérez Yuste.

Figura 3. Aspecto general del Telekino. Fuente: Museo Torres Quevedo, ETSI Caminos, Canales y Puertos, Universidad Politécnica de Madrid. Fotografía: Antonio Pérez Yuste.